5.8.04

Low Cost



Hace unas semanas una llamada de la redacción de El Semanal despertó mi ánimo viajero: «Te desafiamos a que viajes a cinco ciudades europeas al menor precio posible, ¿aceptas?». No me lo pensé, por supuesto. ¿Cómo lo podía llevar a cabo? Con las compañías aéreas low cost, bajo precio, un nuevo fenómeno económico que está revolucionando las costumbres de los viajeros europeos, que pueden volar desde 0,01 euros.

No hablamos de ‘ofertas especiales’, sino de una política cuyo objetivo es ofrecer bajos precios a los viajeros. Los low cost ocupan ya el 15 por ciento del mercado europeo y, según un estudio del Boston Consulting Group, en 2010 las elegirá un pasajero de cada tres. De hecho, Ryanair, madre de las low cost europeas, es ya la tercera compañía de Europa tras AirFrance/Klm y Lufthansa.

Aceptado el reto, me sumergí en Internet para buscar los vuelos más baratos. La reserva se puede realizar por teléfono o en ventanilla, pero, en este caso, sin la posibilidad de beneficiarse de la tarifa más baja. La fórmula on-line evita la intermediación de las agencias de viajes, con sus costes correspondientes, ya que la filosofía de las ‘bajo precio’ es recortar todos los gastos innecesarios para ofrecer el vuelo y nada más. Los portales de las compañías que conectan España con 70 destinos europeos son fácilmente consultables, pero encontrar las tarifas más bajas puede ser un verdadero trabajo. Nada fácil.

Para ser un perfecto viajero con estas compañías, se necesitan unos ingredientes fundamentales: tiempo (sin fecha fija de salida o de llegada), una tarjeta de crédito, una dirección e-mail en la que recibir los códigos de embarque una vez efectuada la reserva y mucha paciencia.

Después de unas horas, la ruta fue clara: desde Madrid a Bruselas, Amsterdam, Milán, París y Londres por 60 euros (120 con tasas), con las tres compañías low cost más importantes, Virgin, Easyjet y Ryanair. Una ruta de viaje a un precio impensable hace unos años.Con 19 euros (31 con tasas), el vuelo TV857 reservado en www.virginexpress.com abrió nuestra puerta a Europa. Llegamos dos horas antes al banco de facturación sin ningún billete en nuestras manos, sólo el DNI.

La fase de facturación es para los viajeros un momento de tensión. No es inusual ver a muchos usuarios en la ventanilla del check-in deshaciendo las maletas y quitándoles peso. En situaciones de exceso de equipaje se frustran todos los beneficios (económicos) de los vuelos baratos. Sin embargo, en un futuro muy cercano, algunas compañías podrían premiar a los viajeros que vuelan sólo con el equipaje de mano.

Una vez sentado en el avión, la sensación es de estar un poco más apretado con respecto a un vuelo de línea, ya que los aviones son los mismos que usan las compañías normales, pero con más asientos.

Obviamente, la business class no existe. A mi lado, volando a Bruselas, una señora con un pie escayolado parece sufrir un poco. Es Marisol Laurel García, de 42 años, que se define una fiel viajera low cost. Me sorprende que el mismo viaje a ella le haya costado 250 euros. Frente a mis 19. Sonrío pensando que Marisol habrá pagado también, indirectamente, un poco de mi pasaje. Es ésta una clave de la lógica de estos vuelos.

La capital belga es un buen lugar de llegada si consideramos que desde allí se puede ir a Amsterdam, a sólo a unas horas de la estación Midi de Bruselas. Así en unos días visitamos la Venecia del norte, para luego dirigirnos a Milán, en Italia. Nuestro vuelo FR4526, firmado por la compañía líder de los low cost, la irlandesa Ryanair (www.ryanair.com), sale del aeropuerto de Charleroi a 60 kilómetros de Bruselas. El vuelo nos cuesta 9,99 euros (22 con tasas). Nuestro destino será Milán, nos asegura el portal al momento de la reserva, pero en realidad aterrizaremos en el de Bergamo –Orio al Serio–, a 60 kilómetros de la capital de Lombardía.

El aeropuerto de salida, Charleroi, brilla por su rigidez en los controles. Lucía, una estudiante Erasmus italiana de 24 años, nos cuenta, casi con lágrimas en los ojos, su problema: «Me han exigido pagar un extra de 120 euros frente a un billete que me ha costado sólo nueve. No tengo el dinero y los empleados me siguen repitiendo que si no pago, no vuelo». Dura lógica low cost.

Ryanair demuestra a menudo su índole inflexible y no particularmente atenta: para las reclamaciones, en la página web, no aparece un número de teléfono, sino una dirección de correo normal o un simple fax. En caso de urgencia, esto puede constituir un problema. En los aeropuertos, como nos explica desde la ventanilla la empleada Maura, en Orio al Serio, «los que trabajan para Ryanair son empleados de sociedades de gestión de los mismos aeropuertos, no son dependientes de la compañía irlandesa». El mismo día de nuestro vuelo un accidente en la autovía Milán-Bergamo ha bloqueado y retrasado el autobús de conexión al aeropuerto con 60 pasajeros low cost. ¿El resultado? Todos han perdido el vuelo y se han visto obligados a comprar otro billete, que al ser adquirido en la ventanilla del aeropuerto no goza de tarifas a bajo precio.

Los aeropuertos cubiertos por las low cost casi siempre son pequeños y están unidos a los destinos principales por medio de autobuses. Para llegar a las ciudades más importantes, los viajeros utilizan los de conexión. Aunque, a veces, están viejos y sucios, como el que va desde Bruselas a Charleroi, o son demasiado pequeños.

Así llego a Milán, sentado durante una hora en el suelo del pasillo del autocar, entre las piernas de una pareja japonesa y un señor mayor a punto de desmayarse. Un viaje a bajo precio necesita espíritu de adaptación. Una pizza italiana en Milán nos resucitará de las fatigas.

9,99 euros (23 con tasas) son suficientes para llevarnos hacia París. El avión del vuelo FR4235 de Ryanair es de último modelo y muestra la nueva idea de la compañía para recortar los costes: en los dorsos de los asientos no hay bolsillos para objetos. Esta medida sirve para reducir el tiempo de limpieza entre un vuelo y otro, anulando los gastos relativos. Otra medida para acortar gastos se dirige a los empleados: las chaquetas amarillas de seguridad ya no serán ofrecidas gratuitamente, visto que se pierden demasiadas.

Victoria, azafata de vuelo, después de anunciar en cinco idiomas los precios de los capuchinos, nos cuenta que ella vuela «diez o 12 horas cada día, mientras hoy este avión ha viajado ya siete veces, permaneciendo en tierra sólo 25 minutos cada vez». Un avión parado cuesta, un avión en vuelo hace ganar dinero es el lema de todas las low cost. Una compañía normal deja reposar su avión una hora antes de otro viaje y vuela ocho horas diarias. Sin embargo, la seguridad de todos los aviones y de todas las compañías está bajo reglas y controles comunes. Volvemos a viajar. Esta vez de París a Londres, tras haber disfrutado de la Torre Eiffel, de la naturaleza tramposa de los taxistas parisinos y de la difícil conexión con el aeropuerto de Charles de Gaulle. En el aeropuerto espera el vuelo 2556 (7,99 euros, 22 con tasas) de la compañía Easyjet, www.easyjet.com, que se puede definir como la directa competencia de la líder Ryanair.

Nuestro vuelo sale con un poco de retraso (como pasa a menudo con las low cost), pero durante el vuelo se respira una aire diferente, original. Andrew Matthews, el azafato responsable, deja claro durante todo el viaje, mediante el uso del altavoz, el talante ‘humano’ de la compañía inglesa: «Señores, en nuestro vuelo no está permitido fumar. Por tanto, si os pillamos fumando en el baño os tendremos que tirar del avión» o «Dentro de poco os daremos nuestra revista de shopping. Será la única cosa que vais a recibir gratuitamente». Saliendo del avión, «no olvidéis a los niños ni las maletas, por favor. Si os ha gustado este vuelo, yo me llamo Andrew de Easyjet; en caso contrario, soy Luka de Ryanair». Se oyen risas. «Una vez obligaron a todos los pasajeros a cantar ‘Cumpleaños feliz’ a una azafata cuyo cumpleaños era ese día», asegura un joven pasajero, Luis Sánchez, peruano. El conflicto a distancia entre las dos low cost más grandes se juega también así.

La última conexión une Londres con Valladolid. Nuestro miedo de perder el vuelo en el aeropuerto de Stansted, en Londres, aumentó minuto tras minuto, visto que nuestro adelanto de dos horas resultó apenas suficiente. La cola de facturación era muy larga y avanzaba despacio. «En diez minutos cerramos», decían las azafatas, aparentemente desinteresadas del destino de los centenares de pasajeros que estaban esperando en la cola. Fuimos unos de los últimos en facturar, tras una hora de cola.

El sol de España, fuerte contra la pista del aeropuerto de Valladolid, nos acoge. Una vez fuera del avión cubrimos los 50 metros que lo separan del edificio a pie. Nos quedamos 20 minutos bajo un sol inclemente, en una cola que se extendía por la pista de aterrizaje. «Hay sólo dos policías para los controles, por esto se ha formado la cola. Es normal, pasa siempre así», dice una azafata. Detrás de nosotros el avión que nos acaba de traer es asaltado por nuevos pasajeros. Aviones sin pausa.

A veces, un viaje low cost puede resultar algo incómodo, con menos adornos y no tan romántico como un Inter-rail. Pero esos detalles se olvidan pronto si por dar la vuelta a Europa has pagado sólo 60 euros. Ahora ya no hay más excusas para quedarse en casa.

Extraido de El Semanal

3 Comments:

Blogger AnaLuna pensó y dijo...

Pero... ¿de verdad se supone que es una ventaja? porque amos, con eso de que te dejan en tierra por menos de nada, y lo que le pasó a la pobre chica italiana esa... madre mía, no se si fiarme :S

12 de agosto de 2004, 23:23  
Blogger Gera pensó y dijo...

Yo no le veo muchas cosas buenas, quizas porque no viajo mucho, te dejan en aeropuertos secundarios y luego a pagar el billete hasta la ciudad a la que vas... aviones pequeños, en fin, para un viaje igual sí, pero para muchos, como que no...

13 de agosto de 2004, 14:00  
Blogger AnaLuna pensó y dijo...

Sobre todo teniendo en cuenta el precio de los transportes en algunos paises, que por ejemplo en Gran Bretaña es más caro viajar desde el aeropuerto de Stansted hasta el centro de Londres que el billete de avion de easyjet londres-bilbao.

Empiezo a no verle ventajas... menos aún de las que le veia la primera vez que leí el post

15 de agosto de 2004, 13:32  

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